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Las 5 máscaras más extrañas y aterradoras de la historia

A lo largo de la historia, ha habido varias razones por las que hombres y mujeres, por voluntad propia o por imposición, se han cubierto la cara. Para ello se crearon máscaras de los más diversos modelos y materiales.

Hoy en día, la idea de llevar una máscara como éstas sería absurdo y la forma en que se ven o la razón por la que fueron creados es aún más aterradora. Pero como estos artefactos reflejan mucho de lo que sucedió en el curso de la historia, vale la pena saber un poco más sobre algunas de las máscaras más extrañas de todos los tiempos. No te lo pierdas!

1 – Máscara antitierra

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Entre los siglos XVI y XIX, el hábito de comer tierra (geofagia) era bastante común entre los esclavos. Muchos ya han traído la costumbre de África, donde la geofagia era tan común que había tipos específicos de tierra que se recolectaban y comercializaban. Creyendo que el hábito no era saludable y escuchando a los médicos que afirmaban que comer tierra provocaría depresión, dolores de estómago, falta de apetito, vértigo y otros síntomas, los dueños de esclavos trataron de proteger su «propiedad».

Por esta razón, los esclavos fueron forzados a usar máscaras horripilantes que bloqueaban sus bocas. Como no se sabía con certeza si la ingestión de la tierra podía realmente hacer algún daño, las máscaras terminaron sirviendo como un instrumento de tortura y también se utilizaron para impedir que los esclavos comieran parte de lo que estaban cosechando.

2 – Máscaras antigás para bebés

Si las máscaras antigás hechas para adultos no eran lo suficientemente terribles, hubo un tiempo en que la gente usaba máscaras antigás para bebés y niños. Las versiones que surgieron durante la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial se asemejaban a los cascos y dejaban a los pequeños como buzos de otro planeta.

Y para que el artefacto funcionara, un adulto tenía que bombear aire continuamente, lo cual no era práctico en absoluto. En los Estados Unidos, los niños incluso recibieron máscaras antigás de Mickey Mouse, pero lo que se suponía que iba a ser divertido terminó pareciendo aún más aterrador que la versión tradicional. Finalmente, incluso algunos perros usaban máscaras de gas hechas especialmente para ellos.

3 – Máscaras mortuorias

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La última visión que tenemos de una persona no suele ser un recuerdo exactamente agradable. Sin embargo, las máscaras mortuorias han tenido mucho éxito a lo largo de la historia. La tradición comenzó en la antigüedad y duró hasta el siglo XX. Y los propósitos eran muy variados: la gente hacía esculturas, las utilizaba en ceremonias religiosas o simplemente las guardaba como recuerdo.

En general, los médicos eran los responsables de la fabricación de las máscaras, un proceso que se llevaba a cabo en las primeras horas después de la muerte para evitar deformaciones en el artefacto. Gracias a estos profesionales es que hoy podemos tener un sentido de la aparición real de grandes personalidades de la historia, como Napoleón Bonaparte, Abraham Lincoln, Beethoven y muchos otros.

4 – Máscaras de la vergüenza

Las máscaras de la vergüenza fueron utilizadas como castigo en Alemania durante los siglos XVII y XVIII. Lo más curioso -además de la apariencia de las máscaras- era que la gente se veía obligada a usarlas cuando violaba alguna convención social, como los chismes o los chistes verdes. Además de torturar con el peso del artefacto, el objetivo del castigo era humillar al máximo al infractor.

Por esta razón, las máscaras utilizadas para indicar el «error» que la persona había cometido. Las orejas alargadas sugerían una persona muda, una lengua larga servía para dar a luz a un chismoso y el hocico del cerdo indicaba que la persona estaba sucia. Algunas máscaras incluso hacían ruido cuando la persona respiraba solamente para atraer la atención de los demás o tenían una barra de hierro que presionaba la lengua y causaba incomodidad al que la portaba

5 – Máscaras Visard

Si viviste en Europa durante el siglo XVI, sería perfectamente aceptable encontrar una mujer con la cara totalmente cubierta por una máscara de terciopelo negro. Las máscaras de Visard se usaban por varias razones, la principal de las cuales era para proteger la piel femenina del sol. Y para mantener el aire de misterio, las mujeres necesitaban morder un botón en la parte posterior de la máscara y era sólo para sostener la máscara. Automáticamente, además de no tener rostro, tampoco podían hablar.

Incluso con el éxito entre las mujeres, Phillip Stubbes, autor de la época, informó que la reacción masculina no era la mejor: «Habría pensado que encontraría un monstruo o un demonio, ya que desde la cara no se puede ver nada más que dos agujeros en los ojos». Durante el siglo XVII, las máscaras cayeron en desuso cuando el estilo se asoció con las prostitutas.

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